Me encontré una muchacha en la reunión de CLM.
Elsa.
Elsa Galván.
Elsa-Elsa.
Desde Germaine, no he fijado en ninguna muchacha. Hoy en día le vi a ella, fumando cigarros tras cigarros. Era bonita. Tiene los ojos grises, el color de las nubes de sueños. No sabía nada de ella, excepto que era una amiga de Vicky. Un misterio.
Mientras estaba admirándola, me preguntó si yo tuve lumbre para su cigarro. Ella leyó tres poemas. Vi los labios envuelve alrededor cada sonido. Su piel en la luz. Elsa.
Cuando llegué a mi casa después de la reunión, encontré una carta. Era de Viena. ¡Dora! No pensaba en ella por un rato. Me sorprendí encontrar una carta de ella. Dentro del sobre, había un disco de los valses de Strauss.
Yo puse el disco. En la carta, Dora me dijo de cómo está en Europa. Me parece que está bien y disfruta su tiempo con su tía. Me alegró escuchar de ella, para tener alguien pensando en mi.
Miré al techo azul y por primera vez, lo vi con gusto. Ya no estoy atrapado por un techo, el sentimiento de la soledad. No tengo miedo. Para ver la huida de Dora me da esperanza. Lejos de esta prisión, la reclusión.
Después de una siesta, junté el coraje para llamarse a Elsa. Le pregunté si quisiera encontrarme en un lugar, cualquier lugar quieres. Acordó reunirse conmigo a las siete.
A mi casa, mis padres me esperaban a comer. Mi papá y yo empezaron a bromear con mamá, quién estaba en mal humor. De repente, en un instante de rabia tranquila, mamá se levantó y amenazó matarse a papá y su amante. Los dos se fueron y me quedaron solo.
Yo comí en silencio vacío.
Pienso que eventualmente se divorciarán. Pues, lo espero. Serían más felices. Todo el mundo sabe de las aventuras de mi papá. Solamente somos nosotros los que fingir.
Para evitar el matrimonio desmoronamiento de mis padres, cuyos dolor repite en mi mente, volví a mi recámara, escribiendo en mi novela. Mientras trabajaba en esto, papá entró para preguntarme si yo podría representarle en el club. Nunca me pidió nada ni se interesó en mis asuntos. Tal vez tenga culpa en su intento fallido a ser un padre a mi.
A las siete, me encontré con Elsa. Su sonrisa. Su mirada. Los ojos grises. Estoy enamorado. Al fin, yo le dije. Le dije lo que sentía. Le dije cómo ella ha penetrada en mi mente. Cómo se hizo un parte de mi. Sí, yo sé que sólo nos hemos visto dos veces, pero yo le entiendo. No podría ser sin ella ahorita. Le dije y ella dio una larga bocanada de humo. Y lo aceptó con un beso dulce.
-Chéjov

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